viernes 22 de agosto de 2008

"La era de la interrupción" de como Internet interfiere en el trabajo

Este artículo fue publicado en el diario Página 12:

"CON EL ADVENIMIENTO DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS, EL TIEMPO EXCLUSIVO DEDICADO AL TRABAJO SE HA VISTO MODIFICADO, EN PARTE, POR LA INTERVENCIÓN –CUANDO NO INTERFERENCIA EN NUESTRAS HABITUALES TAREAS – DEL E-MAIL, LOS MENSAJES DE TEXTO Y EL CHAT.

“Para un hombre que sólo considera tolerable la vida manteniéndose en la superficie de sí mismo, es natural sentirse satisfecho al ofrecer a los demás sólo su propia superficie.”
Paul Auster, The Invention of Solitude

En buena medida la historia de los pueblos ha estado determinada por su capacidad para hacer más eficiente el trabajo; aquel que obtuviera más bienes para su especie tendría más posibilidades de sobrevivir. El axioma cobraría otra dimensión con el advenimiento del capitalismo y la tecnología que llevaba asociada, sobre todo en lo que se refiere a aumentar la productividad de las horas de trabajo.

Según el historiador norteamericano Lewis Mumford (1895-1990), “es el reloj la clave para entender el desarrollo del capitalismo y no la máquina de vapor” (como dice su cita más repetida). A partir del momento en que el trabajo se transformó en una mercancía vendible, se hizo imprescindible mensurarla, ordenarla, fragmentarla y controlarla; de esta manera se regulaba la productividad del trabajo.

Obviamente los primeros relojes eran caros y los únicos que los poseían eran los nuevos capitalistas, que no pocas veces los alteraban para hacer trabajar más a sus empleados. Las campanas de las iglesias resultaban fundamentales para despertar a los flamantes obreros que debían abandonar el tiempo rural guiado por la naturaleza para someterse al tiempo recortado en minutos y horas.

Era el inicio del largo camino de una frase que haría historia: “El tiempo es dinero”. Su aprovechamiento sería una condición necesaria para el éxito capitalista de algunos o la supervivencia de otros. Otro ejemplo clásico del control tecnológico del trabajo es el que creó otro norteamericano, Henry Ford (1863-1947), inventor de la cadena de producción sobre la que desfilaban las partes en las que cada trabajador debía, una y otra vez, enroscar, atornillar, encastrar o perforar a velocidad continua, sin dejar escapar las piezas, como bien se ilustra en el clásico de Chaplin, Tiempos modernos.

Se podrían mencionar muchos otros hitos tecnológicos para el aumento de la productividad laboral o, como se diría en términos marxistas, del aumento de la extracción de plusvalía relativa. En los últimos tiempos, en los sectores de trabajo de elite, y gracias a la llegada de la digitalización y la sociedad de la información, como algunos gustan llamarla, lo que se logró fue una disolución de las fronteras entre los tiempos de trabajo y personales, algo que hubiera sido un sueño para el moralista Henry Ford, quien gustaba controlar a sus empleados y pagaba su altísimo sueldo de Five dollars a day (Cinco dólares al día) sólo a quienes demostraban que no lo gastarían en forma pecaminosa.

Por un lado la victoria ha sido de los empleadores: estar conectado es un valor social en sí mismo; celulares, wifi, chat, radiomensajes, telefonía IP y toda una batería de recursos on line que se consumen con fruición así lo demuestran y permiten a los modernos profesionales la sensación de una omnipresencia divina que puede satisfacer a sus empleadores... pero sólo por un lapso de tiempo.
Es que en los últimos años cada vez más empresas están notando que la excesiva conectividad de sus empleados, en vez de permitirles hacer mejor su trabajo, les impide poner el foco en su labor hasta terminarla. La capacidad de hacer múltiples tareas de una computadora no ha logrado ser emulada por su contraparte humana. En lugar de vivir la era de la comunicación, parecemos vivir la era de la interrupción.

En busca del tiempo perdido

Un nuevo campo de investigación se ha abierto recientemente para averiguar un poco más sobre el efecto de la excesiva conectividad de los empleados. Entre sus resultados hay una larga lista de estadísticas para el miedo. Algunos afirman que el 28% del día de un empleado que trabaja con información es malgastado en interrupciones que no son urgentes ni importantes y también por el tiempo que consume retomar el hilo de lo que se estaba haciendo. ¿Qué hubiera pasado con un empleado de Ford si hubiera desperdiciado tanto tiempo? La pérdida se hace más relevante cuando se la compara con el tiempo de creación productiva, en la que se incluye la redacción de emails necesarios, que es del 25%.

Las cifras para el horror estadístico se multiplican: según Rescue Time, una empresa dedicada a analizar los hábitos en el ambiente de la computación, un empleado tipo, sentado todo el día frente a su monitor, se detiene a mirar su bandeja de entrada de mails más de 50 veces y envía mensajes otras 77; en la Web, en promedio, el trabajador visita 40 sitios. Todo esto en un solo día. El resultado se obtuvo a través de un software que rastreó el comportamiento en las PC de 40.000 empleados.

Tan grave es el problema que las mismas compañías que contribuyeron a crear esta avalancha de bits viajeros han comenzado a estudiar la manera de reducirla. Grandes monstruos informáticos como Microsoft, Intel, Google e IBM, han conformado el Information Overload Research Group (Grupo de Investigación en Sobrecarga de Información), a fin de encontrar métodos que ayuden a los trabajadores a hacer frente a la marejada de bits que soportan.

Las herramientas creadas para aumentar la productividad se han vuelto, como robots que se rebelan contra sus creadores humanos, en causa fundamental de la noproductividad. Esto es, palabras más, palabras menos, lo que admitió al diario New York Times (EE.UU.) Jonathan Spira, analista jefe de investigación de la firma Basex y miembro del grupo de investigación. Tampoco dejó de recordar una máxima conocida de Silicon Valley que afirma que las compañías deben ser las primeras en hacer uso de las innovaciones que inventan, pero reconoció que se están encontrando con que eso no es nada bueno.


Mensaje inteligente

Según Gloria Mark, especialista en “Interacción computadora-humano” de la Universidad de California, muchas de las llamadas o correos electrónicos son realmente importantes y hacen a la tarea del empleado, por lo que ignorarlos por completo resultaría peligroso: de alguna manera las interrupciones son (o pueden ser) parte del trabajo. Pero, ¿cómo saber si lo que uno está haciendo es más importante antes de leer el nuevo mail o atender el teléfono?

Incluso, puede que no sea importante para la tarea, pero que sí lo sea en el ámbito emocional; por ejemplo, si viene de la pareja o una amistad. La solución no es sencilla. La información ha dejado de ser un recurso escaso; en cambio, la atención ha pasado a serlo, asegura David Rose, un experto en informática de Cambridge.

Los ingenieros en computación han empezado a pensar en algo tan improbable como la interrupción perfecta. Algo así como un mensaje con criterio propio que llame la atención del destinatario o se autopostergue hasta otro momento. Mary Czerwinski, una “experta” en el nuevo fenómeno de la interrupción, se encontró con este problema en una situación límite: astronautas ocupados en trabajar en el espacio. ¿Cómo debería hacer la NASA para enviarles un mensaje importante?

En una estación espacial se atienden docenas de experimentos y, al mismo tiempo, se monitorean los sistemas de advertencia de fallas. Si recibe una interrupción que distrae demasiado, el astronauta puede echar a perder un experimento que vale millones. Si la interrupción es demasiado suave, o sutil, puede no advertirla, con consecuencias aún peores. Czerwinski advirtió que lo crucial era la manera de hacer llegar el mensaje de interrupción y propuso un gráfico visual, estilo pentagrama, cuyos costados cambiaban de color según el tipo de problema que se estuviera enfrentando.

Gracias a esta experiencia Czerwinski fue contratada por Microsoft para investigar cómo se usan las computadoras y qué ocasiona su uso en términos productivos. Para ello creó un programa que registraba cada click del mouse y obtuvo algunas cifras interesantes: en promedio, la gente tenía unas ocho ventanas abiertas al mismo tiempo y no se detendría en ninguna de ellas más de 20 segundos. Pero lo peor es que luego de una llamada, un mensaje de chat o un mail que enciende una luz en un rincón de la pantalla, puede llevar unos 25 minutos volver a continuar la tarea que se estaba realizando.

Incluso, el 40% de las veces la tarea inicial era definitivamente olvidada por el trabajador, quien se veía arrastrado por la ola de nuevas tareas en constante aparición. Según Czerwinski el principal peligro de las interrupciones es la distracción que producen en la memoria de corto plazo, que ya no retiene qué se estaba haciendo.

Los especialistas sugieren que si resulta probable que la interrupción lleve más de un par de minutos en ser resuelta, uno se tome el trabajo de anotar lo que estaba haciendo. Es más, la mayoría de la gente que lograba una productividad aceptable aseguraba usar un sistema muy simple para mantener una lista jerarquizada de tareas. No era necesaria una moderna agenda o una palm; papel y lápiz, un simple archivo de texto o un mail recordatorio, bastan.

Otra solución, al menos parcial, es la que diseñó el “gurú” de la interrupción, Danny O’Brien, quien diseñó un programa que luego de 10 minutos de navegar la web preguntaba “¿Estás posponiendo algo?”. Sus conferencias sobre “life hacking” (algo así como una “coartada de vida”, en referencia a los sistemas que permiten filtrar interrupciones no justificadas) atraen a mucha gente y el concepto ya mereció varios sitios de Internet.

Otro de los problemas de las relaciones digitales es que uno no sabe hasta qué punto está interrumpiendo al enviar un mensaje. Cuando se trabaja al lado del compañero es muy probable que el lenguaje corporal indique si es el momento de interrumpirlo o no. Por eso, Gloria Mark propone un sistema informático que sea equivalente: las máquinas almacenarían los mensajes hasta que uno considere que es el momento oportuno y se disponga a verlos.

La salida es una alternativa tecnológica a lo que se hacía hasta hace unos años al conectarse especialmente por teléfono para bajar mails o lo que se podría hacer ahora simplemente cerrando el servicio de correo hasta que se tenga tiempo de leer los nuevos. Pero... ¿y si llega uno realmente importante?

Uno de los asistentes de Czerwinski en Microsoft diseñó hace ya varios años un programa de correo electrónico llamado Priorities que establece prioridades para los mails y los va enviando de acuerdo a lo ocupado que está el receptor. Según Czerwinski el sistema le permitió tres horas de trabajo ininterrumpido.

Otro sistema desarrollado por su equipo busca conocer los patrones de trabajo del sujeto y prever su comportamiento para analizar si es un buen momento para interrumpirlo. Por ejemplo, un programador que lleva cierto tiempo digitando en su teclado es probable que esté concentrado y lo mejor sea dejarlo seguir hasta que haga un alto para chequear mails, algo que suele ocurrir con una frecuencia previsible. Luego de un tiempo de estudio, el software conoce a su usuario y está listo para decidir cuándo vale la pena interrumpirlo.

El problema entonces es el criterio, un bien que parece patrimonio exclusivo de los seres humanos pero que cada vez resulta más vital emular desde un sistema informático capaz de digerir el monstruoso volumen de información en constante arribo.


Amor a la interrupcion

Pero, ¿es necesaria tanta tecnología para apagar tanta... tecnología? Al fin y al cabo, no debería ser tan difícil reducir la lista de contactos en el chat, apagar el celular cuando se requiere concentración y un par de medidas por el estilo. ¿Por qué cuesta tanto?

Tal vez lo peor sea la adicción a estar conectado que se genera y la tendencia a creer que la capacidad de hacer varias tareas simultáneas es también una capacidad humana. Guillermo Movia, representante argentino de Mozilla, cuenta que en las reuniones generales de la organización en San Francisco la mayoría de los asistentes van con su notebook y contestan mails mientras “participan” de la discusión. Cada vez más la información circula fragmentaria, parcial y el feedback es tan entrecortado que no sería de extrañar que nadie sepa bien de qué se está hablando.

En la larga historia de la organización del trabajo, quizá nunca se haya visto un éxito tan rotundo en la aceptación de acicates tecnológicos que no saben de respeto por el tiempo y los horarios personales. Todo debe acometerse con igual urgencia. Pero también quizás esta sea la victoria más pírrica imaginable: la era de las telecomunicaciones ha permitido perder tanto tiempo como el que permitió ahorrar.

Y esto explicaría también por qué la prometida revolución productiva digital nunca ocurrió tal como se la auguraba en sus comienzos, cuando se la comparaba con el impacto que generaron la máquina de vapor y el tren. Es cierto que las computadoras y la omnipresente Internet permiten acciones que hoy resultan imprescindibles, pero también lo es que facilitan muchas que no lo son.

El nuevo fenómeno no hace sólo al aspecto profesional de la vida sino también al personal. Las charlas con amigos se ven interrumpidas por mensajes breves que dicen poco o nada, llamados al celular, luces que se encienden en las palms. Ninguna charla sobrevive más que hasta la siguiente interrupción, sin poder profundizarse, haciéndonos vivir siempre en la superficie de las cosas, en la superficie de nosotros mismos.

Por Esteban Magnani y Luis Magnani
Fuente: Suplemento "Futuro" del diario "Página 12"
Más información: www.pagina12.com.ar

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sábado 29 de marzo de 2008

Redes Mercado: El fin de un modelo de negocio

La digitalización de los productos culturales, unida a la expansión de las redes sociales en Internet y al inevitable intercambio de archivos entre los usuarios de distintos servicios telemáticos, plantea la necesidad de modificar un paradigma comercial inaugurado por los primeros editores de libros a finales del siglo XV.
A principios de la década de 1990, Giuseppe Richeri, sociólogo de la comunicación italiano, planteaba que la expansión de las redes telemáticas (a las que denominó "redes mercado") representaba para las empresas editoriales una oportunidad para mejorar su rentabilidad y simultáneamente facilitar el acceso a los productos culturales de un mayor número de personas. Años después, las empresas del sector en lugar de aprovechar la posibilidad que se les abría, prefirieron mantener un modelo de negocio anacrónico basado en la venta de bienes materiales, facilitando el crecimiento del mercado de copias ilegales de cedés musicales, devedés de video y videojuegos, asimilando este comercio ilegal, controlado en su mayor parte por redes empresariales "mafiosas", al intercambio libre de archivos a través de Internet (P2P) entre usuarios /consumidores/público privados .
El alcance de estas transformaciones requiere un debate que trascienda el empeño empresarial de criminalizar (inadecuad0, reaccionario y en algunos casos ilegal) a quienes intercambian obras culturales para uso personal , en supuesto nombre de la defensa de la creación cultural y de los derechos económicos de los autores. Existen otra opciones, social, cultural y económicamente más ventajosas.

Artículos para alimentar el debate:

¿Copiar canciones para uso personal también es delito? en Página 12, 25 de enero de 2008

Todo lo que se pueda copiar ya no se va a poder vender - Entrevista en iEco (Clarín) al fundador de la revista Wired, Kevin Kelly , 13 de febrero de 2008.

Descargar no es robar - En Tecnoculturas Contemporáneas, 9 de febrero de 2008

Cuando el reino de Internet obliga a meter algún cambio - En Página 12, 7 de octubre de 2007

Italia considera ilegal la identificación de los usuarios de las redes P2P En El País, 13 de marzo de 2008

Reino Unido vetará a los internautas que descarguen música o vídeos- En El País, 12 de febrero de 2008

Francia utilizará listas negras contra los usuarios del P2P- En El País, 11 de febrero de 2008

Bruselas considera que las telefónicas no tienen obligación de identificar a los usuarios del P2P - En El País, 30 de enero de 2008

La Asociación de Internautas considera que las libertades civiles se han impuesto en la UE - En El País, 30 de enero de 2008

"El creador no es un pirata" - Entrevista a Lawrence Lessig, fundador de Creative Commons, en Página 12, 11 de junio de 2007

Sobre el cine

El cine después del cine - En ADN Cultura (La Nación), 16 de marzo de 2008

Una película de piratas en el Río de la Plata y El cine argentino pierde a lo grande - La Nación (Argentina) - 25 de octubre de 2007

Un negocio con futuro incierto - La Nación (Argentina) 25 de octubre 2007

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jueves 4 de octubre de 2007

La televisión argentina hacia su destino digital

INVERTIRÁN US$ 500 MILLONES EN LA TV PAGA // publicado en "La Nación"

Cablevisión y Multicanal, que aún aguardan la autorización para fusionarse, invertirán 500 millones de dólares en los próximos tres años para ampliar los servicios de banda ancha y televisión digital, e ingresar en el negocio de la telefonía sobre protocolo de Internet (IP). La inversión está contemplada en el plan de desarrollo 2007-2010, que fue detallado ayer por el CEO de Cablevisión, Carlos Moltini, en un encuentro con la prensa en las Jornadas de la Televisión por Cable.

Según señaló, parte del presupuesto servirá para extender las redes de doble vía de las compañías, que son las que posibilitan transmitir, además de televisión, banda ancha (Fibertel y Flash) y telefonía sobre IP. Actualmente, las empresas tienen el 42% de las redes en doble vía y el nivel se elevará al 70% en 2010. Otra parte del capital será destinado al desarrollo de anillos de fibra óptica en Rosario, Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires, Mar del Plata y Neuquén. Las empresas comenzarán a ofrecer así televisión digital fuera del área metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Hoy, los abonados al servicio digital suman 170.000 y hay 1.500.000 que tienen la posibilidad de elegirlo.

Las compañías también lanzarán en el segundo semestre de 2008 el servicio de telefonía sobre IP. En una primera etapa, será ofertado a los usuarios residenciales del AMBA y "algunos puntos del interior".

"Tenemos tecnología propia. Hicimos una selección de proveedores y, si bien no descartamos el uso de redes de las telefónicas, vamos a ser más independientes en ese sentido", destacó Moltini, al tiempo que dijo que "el capital de la inversión es propio y representa el 60% de las utilidades de las empresas de los últimos 4 años".

Las cableras, que con los nuevos servicios tendrán que elevar en US$ 150 millones sus presupuestos operativos, también ampliarán la oferta de canales en 2008. "Vamos a incorporar 50 canales digitales a la oferta de 16 básicos que tenemos hoy. El cliente digital que hoy paga $ 10 más va a tener los 75 canales analógicos más los 50 digitales. Además, elevaremos de 30 a 70 las señales de música; algunas van a transmitir radios FM y AM con las que estamos negociando", detalló Moltini.

El directivo agregó que las empresas trabajarán en el diseño "de paquetes de canales con valor agregado" y lanzarán también "dos de alta definición" y entre "4 y 6 señales de video on demand y pay per view por control remoto".

En la actualidad, las firmas están a la espera de que las autoridades aprueben la fusión y descarten un posible manejo monopólico del negocio. La revisión hoy "está levemente demorada", según fuentes de las compañías que tienen 2.500.000 de abonados en la Argentina y se adjudican el 47% del mercados (la cifra trepa a 3 millones con los clientes de Uruguay y Paraguay).

Los más chicos

Además de los gigantes del sector, Telecentro, de Alberto Pierri, y la Red Intercable, que agrupa a pymes del interior, también avanzarán con inversiones para ampliar sus servicios.

Pierri dijo que invertirá unos 70 millones de pesos en la renovación de redes el año próximo, monto similar al que invertirá este año. "Así vamos a poder lanzar el servicio de telefonía sobre IP en 2008 y lo ofreceremos primero a nuestros 200.000 abonados al cable. Por otro lado, vamos a ampliar nuestra área de cobertura en forma paulatina", detalló el ex diputado, que anticipó también un próximo ingreso en el negocio del pay per view .

La Red Intercable, que está presente en 507 localidades del interior, invirtió parte de los 120 millones de dólares necesarios para modernizar las redes y ofrecer televisión digital por cable (brinda la tecnología a 200 abonados vía satélite).

"Ahora necesitamos US$ 35 millones para los decodificadores, que queremos bonificar a los clientes. Estamos negociando con empresarios argentinos para que actúen como financistas, no como socios. Hay un diálogo avanzado con un hombre de negocios del sector energético", señaló José Toledo, presidente de la Red que abastece a unos 300.000 abonados.

El Gobierno frena a las telefónicas

El Gobierno rechazó ayer la posibilidad de que las telefónicas ingresaran en el negocio de la televisión. En las jornadas del cable, el interventor del Comfer, Julio Bárbaro, dijo que "la ley aclara que quienes dan servicios públicos no pueden dar televisión por cable, para impedir la concentración excesiva". Minutos después, en el mismo encuentro, el vicepresidente Daniel Scioli respondió a la prensa que "la voz del Gobierno es la de Bárbaro" y agregó que la administración "no caerá en una ingenua apertura del sector". El interventor también juzgó como "preocupante la venta de Canal 9, que no fue informada al Comfer".

Por Mercedes García Bartelt
Fuente: diario "La Nación"
Más información: www.lanacion.com

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