lunes 11 de enero de 2010

Un espacio para divagar

Huir de las palabras adecuadas, aquellas que se escriben y se dicen con tibieza, sin apartarse demasiado del camino trazado por los "opinadores mediáticos". Eso pretende "Nada más asqueroso que un baño público", un blog destinado a las divagaciones

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lunes 3 de agosto de 2009

Trazos de un país sin memoria

Esta mañana leí en Página 12 dos artículos que, por razones diferentes, me provocaron una gran desazón ante la situación de nuestro país. Un país empeñado en hacerse daño a sí mismo, en donde casi nadie pareciera asumir que el bienestar material y espiritual de cada uno depende del bienestar de quienes nos rodean.
En los últimos meses, antes y después de las elecciones, el transcurrir político del país me produce más escalofrío del habitual, posiblemente debido a que todavía conservo la memoria del país que viví en mi infancia y adolescencia, allá por finales de la década de 1960 y comienzos de la horripilante década de 1970, posiblemente la peor en nuestra historia durante el siglo XX.
Seguramente los muchos años vividos en el exterior han dificultado el desarrollo en mí de la necesaria caparazón para evitar ser dañado por la sucesión de amenazas veladas y a veces abiertas con que nos agasajan día a día algunos personajes y sectores de nuestra sociedad, empeñados en considerarse amos y señores del destino de todos los argentinos, desde la cima en que los colocan los medios de comunicación, otorgándoles un protagonismo desmedido, por razones en las que prefiero no pensar.
Alguna vez hubo una fábrica (Berazategui, Bs.As)
Entre tanto, mientras unos y otros discuten el reparto de la torta, gran parte del país (un país somos las personas que vivimos en él, no una abstracción) vive cada vez peor (la pobreza creciente, la tensión y la violencia cotidiana, la corrupción extendida, la falta de registro de nuestros semejantes, el sálvese quien pueda y sobre todo la falta de proyectos de futuro, aquello que algunos llamamos desesperanza).
Ojalá sepamos comenzar una etapa de construcción de un espacio común en el que todos podamos vivir con alegría. La falta de palabra, la desmemoria, la soberbia, el compadreo, la prepotencia y la hipocresía no son los mejores materiales para ello.

Artículos mencionados en el texto:
La solidaridad diluida por el agua - por Ailín Bullentini
Se vienen . por Eduard Aliverti

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jueves 2 de julio de 2009

Mickey Mouse: emblema del sinsentido

Hace muchos años, cuando era chico y me encantaban las películas de Disney. el ratón Mickey era solamente un personaje de dibujos animados y de revistas de historietas y allá en Disneylandia también era un personaje de parque de diversiones. En esos tiempos, claro está nadie o casi nadie cuestionaba al señor Walt Disney. Un día Disney murió, yo tendría doce o trece años, no estoy seguro. Recuerdo que contaron que lo congelaron con la idea de que algún día podría revivir. Entonces no entendí como eso sería posible, hoy sigo sin entenderlo. Años después, a comienzos de la década de 1970, se publicó un libro que hizo mucho ruido en la época en la que acusaba al Pato Donald, primo hermano de Mickey, de ser agente del imperialismo cultural de los Estados Unidos y no paso mucho en que el propio Walt Disney fue acusado de ser agente nazi durante la segunda guerra mundial. En ese tiempo, Mickey había salido de las pantallas de cines y televisores y de las páginas de las revistas y estaba impreso en todo tipo de objetos de uso cotidiano y era también muñecos y juguetes de todo tipo y tamaño.
El tiempo pasó y hubo quienes comenzaron a cuestionar que Walt Disney fuera realmente el creador de Mickey, quien en 2008 cumplió ochenta años . Lo que está en discusión no es una cuestión de reconocimiento tardío de una autoría artística, sino de dinero y de libertad.
Las alternativas en juego son
1- Mickey ha pasado al bien común.
2- Los derechos de copia (copyright) de Mickey siguen siendo propiedad exclusiva de los herederos de Disney

La verdadera pregunta es: ¿Qué sentido tiene que los derechos de reproducción de los bienes culturales se prolonguen más allá de la muerte de su autor (actualmente setenta años)?

NOTA: Piratas no son quienes comparten obras culturales sino criminales armados que atacan barcos y sus tripulaciones en el mar, por ejemplo en las costas de Somalía

Artículos para ampliar
"Rechazada por sorpresa la ley francesa antipiratería que preveía cortes en Internet" . El País, 9 de abril de 2009.
"Basta de piratas en Internet", dice el realizador de "Subway", "Taxi" y "Wasabi" en Eñe de Clarín, 24 de febrero de 2009
Un profesor argentino acusado criminalmente por promover el acceso al conocimiento en Rebelión, 3 de abril de 2009.
La hora de cuestionar el brindis por Patricio Lorente- en Página 12, 26 de abril de 2009
“El conocimiento no es una mercancía” en Página 12, 26 de abril de 2009

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Teatro y poder: entre el temor, el deseo y la "gripe"

Tengo la sensación creciente de que todo es una representación para los medios. Cada gesto, cada palabra, cada reacción y cada acción de políticos, funcionarios, jugadores de futbol y hombres y mujeres de la calle está concebida para ser mirada y valorada a través de una pantalla universal y ubicua (no es casual el título repetido en dos libros míos escritos con una diferencia de diez años entre uno y el otro) . No sé si siempre fue así, pues el presente tiene la particularidad de inmiscuirse en nuestros recuerdos con sus modalidades y formas.
Quizás sea por esta tendencia a la representación que el teatro y el cine y quienes los hacen posibles (actores, directores, escritores, etc) ocupan tanto la atención de los poderes, interesados en ganar sus adhesiones y de acallarlos cuando no se muestran favorables
Ayer, volví a ver "La vida de los otros" una película alemana ganadora de varios premios que habla entre muchas cosas de la intrincada relación entre la irracionalidad, la represión, el control social, el deseo y el teatro. Mientras la veía sentí el dolor que todavía me produce la traición del sistema soviético a la ilusión que alguna vez existió de que es posible construir un mundo más justo, más libre, más igualitario. Y me acordé tanbién de una película que vi hace muchos años. El título de esa película es Mephisto y trata de la exitosa carrera de un actor durante el nazismo.
Teatro, poder, representación y pantallas.
¿La gripe es una puesta en escena para generar psicosis social?
¿Por qué no puedo creerles? ¿Será porque nos mintieron y nos mienten tanto que no puedo creerles más? ¿Será porque son muy malos actores? o sencillamente ¿Será porque soy escéptico por naturaleza y no lo sé? No, no soy escéptico, tampoco ingenuo.
¿Los medios generan la representación o solamente la muestran?
¿Porqué nos cuesta tanto aceptar que las cámaras de televisión sirven para mentir?

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jueves 11 de junio de 2009

Como abordo la lectura de un libro

¿Cómo abordo la lectura de un libro? Lo primero que se me ocurre contestar es: depende del libro, depende de la situación, de mi objetivo - Hay libros para leer en la playa, otros para leer en el colectivo y están los que leo en la cama antes de dormir. Desde chico leo en la cama.
Cuentos de hadas de muy chico a ensayos, libros académicos y por supuesto novelas y otros textos de ficción en la actualidad. Lo interesante de este tipo de lectura es que siempre cuando termino de leer estoy en un estadio avanzado de somnolencia, con lo cual las últimas páginas que leí permanecen hasta el día siguiente en un espacio indeterminado entre la conciencia y el inconsciente: Esto le da a la necesaria relectura un extraño sabor de irrealidad.

Habitualmente subrayo los libros, escribo en los márgenes y utilizo las hojas en blanco del final como cuaderno de notas, en especial cuando se trata de textos de trabajo.

Cuando estudio o investigo la relación con el libro es diferente. Leo sentado en mi escritorio con una montaña de otros ejemplares vinculados con el tema en el que estoy trabajando con los que construyo una suerte de gran hipertexto, consultando uno y otro de manera alternada. Me parece recordar que alguna vez utilizaba alguna metodología de lectura, hoy soy desordenado y casi caótico.

Este texto fue publicado originalmente en Red Aprender y Cambiar

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viernes 20 de marzo de 2009

Sobre la importancia cultural de nuestro idioma

Los castellanohablantes solemos sentir que nuestra lengua es de de segunda categoría y muchas veces resignamos la riqueza de nuestro idioma abusando en el uso de anglicismos en lugar de recurrir a alguna termino en castellano. Pensamos que así expresamos mejor lo que queremos decir o sencillamente sentimos que el uso de palabras en inglés tiene mayor jerarquía o estatus social. Así, en las calles de Buenos Aires vemos carteles anunciando "Delivery" en lugar de entrega a domicilio, "sale" en lugar de liquidación o saldos, "off" en lugar de descuento entre tantos otros ejemplos. Pronunciamos en spanglish palabras como Devedé, cedé o microsoft, sin tener conciencia que nuestro idioma, el castellano o español, es una de las lenguas más habladas y estudiadas en el mundo después del inglés. Lo hablan 441 millones de personas, es la única lengua oficial en 18 países y en tres más es cooficial, que incluso en Estados Unidos, centro de expansión del inglés, cada vez son más quienes tienen como lengua materna el español. El impulso de nuestro idioma en Estados Unidos por el empuje demográfico de los emigrantes latinoamericanos ha hecho de este país el segundo con más hispanohablantes después de México (según estimaciones se prevé que los 44 millones de personas de origen latinoamericano que vivían en EEUU en 2006 se multiplicarán hasta 132 millones en el año 2050)
El español es una magnífica y poderosa herramienta de comunicación que no podemos ni debemos desdeñar.
Las lenguas son expresión de determinadas visiones del mundo. Defender el castellano es defender nuestra memoria, nuestro presente y nuestro futuro, quienes fuimos, quienes somos y quienes podemos ser.

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sábado 21 de febrero de 2009

Apuntes desde la perplejidad.

El mundo que muestran los medios me produce una enorme perplejidad. Los hechos que relatan muchas veces me resultan difíciles de comprender. Me cuesta entender a dirigentes políticos que traicionan abiertamente el mandato que han recibido de los ciudadanos que los votaron y más difícil me resulta aún comprender porque muchos periodistas y muchos ciudadanos se felicitan de ello dando loas a la democracia cuando por sus actos y dichos desconocen su sentido. No comprendo a los que matan por matar ni tampoco a los que piden la muerte de los asesinos, los que cierran los ojos ante los hambrientos, ni la xenofobia creciente de los europeos y mucho menos la de los judíos israelíes que votan a partidos que proponen la expulsión de sus compatriotas árabes, la desmemoria de los ciudadanos del estado fundado por los sobrevivientes del horror nazi me pone los pelos de punta, casi tanto como quienes todavía hoy siguen discutiendo la existencia de las cámaras de gas y el asesinato en masa de millones de judíos. El aniquilamiento de la cultura idish del este europeo, triste y casi olvidado testimonio de esos crímenes.
También me produce enorme perplejidad la ingratitud y la falta de memoria de España, histórica tierra de emigrantes, cuando se empeña en rechazar la llegada de emigrantes venidos del sur. Siento perplejidad por la atracción que sienten millones de personas por programas de televisión que denigran a las mujeres, las chistes de gallegos, de judíos, de chinos o de negros y las bromas sobre los desaparecidos (asesinados, siempre me pareció más apropiado) por la dictadura cívico militar argentina. Perplejidad y también extrañamiento que los hombres todavía pensemos que la tierra nos pertenece y que consideremos que las mujeres son parte complementaria de nuestro ser, que el ser humano como especia se define por los deseos, hábitos, ideas y sentimientos del macho. Al menos así pareciera cuando vemos y escuchamos lo que nos muestra la televisión. Triste imagen la de esos tipos de gimnasio queriendo reafirmar su masculinidad en sus cuerpos de músculo anabolizados.
Perplejidad ante la promoción continua de la superficialidad y el escepticismo como actitud ante la vida y perplejidad ante la desvalorización que existe del compromiso con las propias ideas y con la vida de uno y la de los demás.
Estoy perplejo también por la banalidad con que se abordan los problemas buscando siempre soluciones mágicas. No comprendo para que ni porque tantas personas se operan la cara y el cuerpo buscando la belleza perfecta o la eterna juventud. Pocas cosas me producen más repulsión física que la máscara cruel en la que queda encerrada una mujer o un hombre con cirugías o con implantes de botox o de silicona en su cara.
Me inquieta la tendencia a buscar el enfrentamiento que parecemos tener todos o casi todos y la exaltación de la violencia que siguen haciendo muchos.
Me sorprende todavía la lucidez de quienes como Orwell y Huxley pudieron hace muchas décadas escribir con tanta precisión hacia donde iba la humanidad ("El mundo Feliz" y "1984" deberían leerse en todas las escuelas). Vivimos en una sociedad del espectáculo, tal como la definió hace más de 40 años Guy Debord, en donde todos queremos ser el centro de las miradas pero somos incapaces de ver al otro. Un mundo de vigilancia perpetua a través de pantallas siempre y ubicuamente encendidas, interconectadas mundialmente a través de redes telemáticas.
Un mundo injusto en el que los impuestos que pagan los trabajadores y los pobres sirven para salvaguardar un sistema económico basado en la desigualdad, la especulación, la simulación y el despilfarro de recursos materiales.
Alguna vez, muchas personas en el mundo tuvimos la esperanza en que la paz y la justicia terminarían por imponerse. Que la miseria, el hambre y la guerra desaparecererían.
El consumismo lleva en sí mismo la destrucción del planeta. Lo realmente importante es concentrarnos en mejorar realmente las condiciones de vida de las personas, de todas las personas. Una vivienda digna con agua potable y servicios sanitarios, alimentación equilibrada, servicios de salud, educación de calidad. El mundo está en condiciones de alcanzar este objetivo. Para ello nos lo debemos propone con actos y hechos, no sólo con declaraciones políticas de buena voluntad. En última instancia depende de cada uno de nosotros. De nada vale alarmarse por el cambio climático mientras instalamos un aparato de aire acondicionado en cada habitación de nuestras casas, utilizamos papel ultra blanco, compramos bebidas en botellas de plástico o pretendemos reemplazar el uso de petroleo por biocombustibles en lugar de usar menos el coche. Seguramente sea necesario restringir los niveles de confort, pero vale la pena intentarlo.
Intuyo que muchas personas en el mundo empiezan a darse cuenta que debemos empezar a cambiar nuestro modo de actuar. Espero no pecar de ingenuo. Me pasó otras veces...

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